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EL JOVEN QUE NO PUEDE COMPRAR CASA, EN EL COOPERATIVISMO PODRÍA ENCONTRAR UNA RESPUESTA

hace 3 horas
2 min de lectura


Hay una conversación que se repite en PR, en muchas familias y en grupos de amigos, cuando se sientan a contarse sus sueños y aspiraciones.



“…yo quiero quedarme aquí, pero no puedo.”



Aquí un ejemplo que conocí: Un joven de 27 años, con trabajo estable, con estudios, con ganas de quedarse en el país, fue a una institución hipotecaria y salió con las manos vacías. El mercado, en estos momentos, no está diseñado para él.



El costo promedio de una propiedad ronda “los bajos” $349,000. Una vivienda se considera “asequible” cuando no supera $150,000. La brecha entre ambas cifras no es un dato técnico; es el abismo donde se pierden generaciones.



En 2024 se construyeron apenas 700 viviendas nuevas en toda la isla. En cambio, en 2011 se construyeron más de 4,300. No es que la población haya crecido menos. Es que las prioridades cambiaron.



Antes de la pandemia, solo la mitad de las familias cualificaba para una hipoteca con 20 % de pronto. Y hoy, con una inflación tan implacable, cumplir con eso es un acto de magia. Porque el mercado te exige todo a la vez:



Necesitas ganar bien. Deber poco. Tener ahorros. Y que la tasación no te juegue en contra.



El debate siempre gira alrededor de los mismos actores: el gobierno, los bancos, los desarrolladores privados, los inversionistas externos. Y siempre lleva a las mismas conclusiones. Nadie habla de las cooperativas.



En países como Uruguay, Suecia, Alemania y Canadá existen las cooperativas de vivienda, un modelo donde los residentes son colectivamente dueños del edificio donde viven. No pagan renta, ni están sujetos a la especulación del mercado. No dependen de que un inversionista externo decida si sube o baja el precio.



Son dueños. Juntos.



El modelo funciona así: un grupo de personas se organiza como cooperativa, adquiere un terreno o edificio, financia la construcción o rehabilitación colectivamente, y cada socio tiene derecho a vivir en su unidad a cambio de su aportación. No hay margen de ganancia que proteger, ni accionista externo que satisfacer. Solo personas organizadas cuidando lo suyo.



En PR existen 13 cooperativas de vivienda, que en su mayoría se construyeron en la década del 70 del siglo pasado. Tenemos la infraestructura, la cultura, la historia. Lo que nos falta es visión y voluntad para conversar sobre cómo edificar más cooperativas de vivienda.



Es un modelo jurídico, financiero y comunitario que funciona aquí, al igual que en docenas de países. Requiere empeño colectivo, liderazgo, y legislación que lo propicie.


 


La cooperativa de vivienda no es solo un modelo financiero. Es una declaración: aquí hay un lugar para ti. Y eso, en estos tiempos, vale más que cualquier incentivo contributivo o campaña de relaciones públicas.



El boricua no pide permiso para quedarse; construye donde pertenece.


 
 
 

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